| Como ya viene siendo habitual
en estos últimos veranos, un grupo de universitarios
procedentes del C.M.U. La Alameda hemos estado cooperando
en un campo de trabajo en Nicaragua.
Hacia allí partimos el miércoles
13 de Julio y regresamos, tres semanas más tarde,
el viernes 5 de Agosto. Estuvimos alojados en la ciudad
de Masaya, a veinte minutos de Managua, capital del
país.
Siguiendo la línea de actuación
de años anteriores, el trabajo se ha realizado
en la comunidad rural de “Jardines de Apoyo”,
muy cercana a Masaya, y que en su inmensa mayoría
está formada por familias damnificadas por el
Huracán Mitch, junto con otras catástrofes
naturales.
Nuestra actuación se ha centrado
en tres campos: la educación, la construcción,
y la promoción de la salud. En la parcela educativa
hemos colaborado con la escuela de Jardines, impartiendo
clases de valores fundamentales (sinceridad, respeto,
responsabilidad, etc) en horario extraescolar. En cuanto
a la construcción, el trabajo ha consistido en
la edificación de seis casas para familias necesitadas.
Finalmente, en la parcela sanitaria se han impartido
clases de higiene personal, así como recetado
tratamientos bajo la supervisión del Dr. Villena,
médico cooperante que nos acompaña cada
año.
Cabe decir, que este año, y a
diferencia de otros, la construcción de las casas
ha experimentado un avance infraestructural muy notable,
que ha quedado patente en la mayor calidad y consistencia
de las casas construidas. También se debe resaltar
el éxito de las clases de valores fundamentales,
a las que acudieron con periodicidad entre 40 y 50 niños
de la zona (escolarizados y no escolarizados), sin tener
carácter obligatorio.
Esto es, a grandes trazos, lo que hemos
hecho durante casi un mes en Nicaragua. También
hay que añadir que los fines de semana los aprovechábamos
para realizar excursiones y visitas culturales, conociendo
más la geografía y la cultura nicaragüense.
Visitamos la ciudad de Granada, así como su gran
lago; Managua, capital del país; algunos volcanes,
como el Santiago o el Ometepe. Finalmente, nos desplazamos
a la playa de La Flor, en la costa del Pacífico,
en donde contemplamos una espectacular puesta de sol
y tuvimos la suerte de presenciar una arribada masiva
de tortugas para la desovación.
Ya para terminar, confesar que todas
estas actividades carecerían de sentido si no
le sumáramos el día a día con las
familias y los niños de Jardines, donde era palpable
el lado mas humano de las personas. Hemos podido ver
cómo familias que viven en condiciones infrahumanas
te ofrecen, con una sonrisa en la cara, lo poquito que
tienen. Creo que para todos los que hemos ido, esta
ha sido una de las experiencias que han marcado nuestras
vidas. Hemos recibido de todas esas personas mucho más
de lo que hayamos podido darles. Hasta el año
que viene.
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