Campo de Trabajo Nicaragua 2005


Como ya viene siendo habitual en estos últimos veranos, un grupo de universitarios procedentes del C.M.U. La Alameda hemos estado cooperando en un campo de trabajo en Nicaragua.

Hacia allí partimos el miércoles 13 de Julio y regresamos, tres semanas más tarde, el viernes 5 de Agosto. Estuvimos alojados en la ciudad de Masaya, a veinte minutos de Managua, capital del país.

Siguiendo la línea de actuación de años anteriores, el trabajo se ha realizado en la comunidad rural de “Jardines de Apoyo”, muy cercana a Masaya, y que en su inmensa mayoría está formada por familias damnificadas por el Huracán Mitch, junto con otras catástrofes naturales.

Nuestra actuación se ha centrado en tres campos: la educación, la construcción, y la promoción de la salud. En la parcela educativa hemos colaborado con la escuela de Jardines, impartiendo clases de valores fundamentales (sinceridad, respeto, responsabilidad, etc) en horario extraescolar. En cuanto a la construcción, el trabajo ha consistido en la edificación de seis casas para familias necesitadas. Finalmente, en la parcela sanitaria se han impartido clases de higiene personal, así como recetado tratamientos bajo la supervisión del Dr. Villena, médico cooperante que nos acompaña cada año.

Cabe decir, que este año, y a diferencia de otros, la construcción de las casas ha experimentado un avance infraestructural muy notable, que ha quedado patente en la mayor calidad y consistencia de las casas construidas. También se debe resaltar el éxito de las clases de valores fundamentales, a las que acudieron con periodicidad entre 40 y 50 niños de la zona (escolarizados y no escolarizados), sin tener carácter obligatorio.

Esto es, a grandes trazos, lo que hemos hecho durante casi un mes en Nicaragua. También hay que añadir que los fines de semana los aprovechábamos para realizar excursiones y visitas culturales, conociendo más la geografía y la cultura nicaragüense. Visitamos la ciudad de Granada, así como su gran lago; Managua, capital del país; algunos volcanes, como el Santiago o el Ometepe. Finalmente, nos desplazamos a la playa de La Flor, en la costa del Pacífico, en donde contemplamos una espectacular puesta de sol y tuvimos la suerte de presenciar una arribada masiva de tortugas para la desovación.

Ya para terminar, confesar que todas estas actividades carecerían de sentido si no le sumáramos el día a día con las familias y los niños de Jardines, donde era palpable el lado mas humano de las personas. Hemos podido ver cómo familias que viven en condiciones infrahumanas te ofrecen, con una sonrisa en la cara, lo poquito que tienen. Creo que para todos los que hemos ido, esta ha sido una de las experiencias que han marcado nuestras vidas. Hemos recibido de todas esas personas mucho más de lo que hayamos podido darles. Hasta el año que viene.

 

 

 

 

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