| Todos los jueves a las cinco y media de la tarde, Fernando Cucarella, Álvaro Zarauza y Álvaro Aracil nos preparamos para ir a la parroquia de Nuestra Señora de los Dolores. En un piso de la iglesia, esperamos la llegada de nuestros chavales, que reciben su último año de catequesis: el libro Vida abierto por el tema correspondiente, las mesas bien dispuestas y un puñado de chucherías ocultas en el bolsillo derecho del pantalón.
A las seis en punto llegan en avalancha Carmen, Raúl, Diego, Carlitos, Tere y otros quince muchachos que, tras unos minutos de acostumbrado jaleo, ocupan sus sitios fijos. Fernando los mantiene muy bien a raya con su porte serio y Álvaro Aracil no puede sino reírse con la expectación que crea al hacer aparecer una gominola. Explicamos el tema correspondiente y se abre el turno de preguntas. A veces quedan tan impresionados con las parábolas de Jesús que dicen cosas como: «¡Hala! ¿Y dices que, después de estar con los cerdos, el padre le dio un abrazo? ¡Pero si estaba lleno de gérmenes!»
Últimamente están muy nerviosos, porque el día de la Primera Comunión se acerca y les hemos dicho que para entonces se tienen que aprender todas las oraciones del libro. Ahora les estamos explicando el sacramento de la Confesión, para que lleguen bien preparados.
No hay nada más reconfortante para un cristiano que la fe de un niño.
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| Álvaro Zarauza preguntando a los catecúmenos |
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| De derecha a izquierda, Raimonz, Diego, Diego y Carlos |
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| Al final, siempre hay premio para el que se sabe la lección |
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