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Dentro de las actividades de solidaridad
que se realizan desde el Colegio Mayor Universitario
de La Alameda cabe destacar en este trimestre la operación
Café para Todos. La iniciativa partió
de uno de los colegiales, Jesús Mira.
Su idea fue acogida con auténtico entusiasmo
en el Mayor. Consistía en llevar a indigentes
café caliente con
pastas a lo largo de una mañana y desayunar con
ellos, haciéndoles pasar un rato agradable.
Se concretó la fecha de la operación
para después de exámenes: el 8 de marzo.
A lo largo de la mañana del día
previsto la escena se repetía: los indigentes
quedaban muy agradecidos ante la generosidad de los
voluntarios. Uno de ellos, de origen lituano, quedó
bastante sorprendido ante la inesperada visita. Al terminar
de tomarnos el café con él, se despidió
de nosotros con un fuerte abrazo.
No tenía otro medio para comunicarnos
su agradecimiento, puesto que sólo era capaz
de articular cuatro palabras en castellano.
Nuestra visita sirvió también
para contribuir a aliviar los dolores de un mendigo
que se encontraba en el suelo con fuertes dolores cerca
de las Torres de Quart. Así que compramos Paracetamol
en una farmacia cercana y se lo pudo tomar acompañado
de una taza de café caliente.
Otro de los sin techo que
encontramos en el Parterre era de origen polaco. Se
encontraba solo en una ciudad nueva, sin conocer el
idioma y sin saber adonde ir. Le recomendamos que fuera
a uno de los centros de acogida, que le señalamos
en un plano de la ciudad.
El impacto de esta iniciativa trascendió
nuestras expectativas. Ocurría que algunos peatones
se paraban cerca de algún grupo, mirando cómo
los voluntarios hablaban con el sin techo
mientras le ofrecían un vaso de café.
Éste fue el caso de un señor que coincidió
con nosotros cerca de la calle Colón. Tras estar
un tiempo prolongado mirándonos, no pudo contener
su deseo de agradecer lo que estábamos haciendo:
se nos acercó y nos animó emocionado a
continuar con la actitud de ayudar de modo efectivo
a los más necesitados.
De todas formas, los verdaderos beneficiados
fueron los jóvenes voluntarios. Al terminar la
mañana, uno de los voluntarios se mostraba muy
conmovido. Comentaba que el haber dedicado un tiempo
a aquellas personas que no tienen a nadie- y en muchos
casos, no tienen ni siquiera qué comer- y, conocer
su situación de primera mano, le había
hecho descubrir el valor de poder estudiar una carrera
universitaria.
Son muchos los motivos que nos lleva a
pensar que Café para todos se repetirá
en sucesivas ocasiones.
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