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 Universalidad y dimensión universitaria


Autor: Elisa Luque Alcaide Fecha: 4 de enero de 2007
Fuente: Palabra


“La universidad desde sus orígenes tuvo una universalidad geográfica: se extendió por una Europa transitada por viajeros y peregrinos, y vivió un enriquecedor intercambio de personas e ideas. En la universidad de París enseñaron –en latín, idioma culto- el inglés Alejandro de Hales (†1245), el alemán Alberto Magno (†1280), y el napolitano Tomás de Aquino (†1274). En París, Oxford y Salamanca, se debatieron las doctrinas de los maestros que originaron “escuelas”: la tomista, que rescató la metafísica aristotélica de interpretaciones espúreas llegadas del mundo árabe; la franciscana, más cercana al agustinismo, que apuntaba a Platón; el aristotelismo averroísta de Siger de Bravante (†1284). […]

La universidad tuvo también universalidad en los saberes que impartía: la filosofía y las universidades greco-romanas; las ciencias matemático-médicas, enriquecidas con la aportación árabe a través de la historia medieval; los dos derechos, que regulaban el funcionamiento institucional de la sociedad eclesiástica y civil; y la ciencia teológica, el más alto nivel de conocimiento. Esos conocimientos cultivados en el interior de la comunidad universitaria, permitieron la difusión de los hallazgos mutuos y el intercambio de los descubrimientos. La interdisciplinaridad ayudó a los universitarios a vivir el deber de buscar la verdad, en un clima de libertad compartida con los demás especialistas, con los que debían armonizar sus propios hallazgos.

La formación humana del universitario abarcaba todas las dimensiones de la persona. Era una formación integral en la que colaboraron los colegios universitarios, como el fundado en París (1253) por Robert Sorbonne, sede de los exámenes de Doctor en Teología y núcleo de la Universidad de La Sorbona. La universidad logró impartir esa formación porque dispuso de una interpretación válida de la existencia humana. Los intelectuales de la Europa cristiana compartían la verdad del ser humano, sostenían la ley natural inscrita en el hombre, y afirmaban la Verdad revelada por Cristo: lo muestran Las Partidas, de Alfonso X el Sabio, primera codificación en los reinos occidentales; La Divina Comedia, de Dante; las Coplas a la muerte de mi padre, de Jorge Manrique.”

[Extracto del artículo publicado en la Revista Palabra, abril 2007]


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