Imprimir Enviar a un amigo

 La televisión y los clásicos


Autor: Tomás Baviera Fecha: 11 de octubre de 2004
Fuente: Las Provincias

La televisión y los clásicos

En las últimas semanas estamos asistiendo a la toma de medidas por parte de las televisiones para regular los contenidos que emiten. Son pautas que se marcan las empresas para proteger el horario infantil. Pero quizá hay una cuestión que no se acaba de abordar: ¿Qué ocurre para que haya tantos televidentes mayores enganchados a una televisión que muchas veces es superficial y morbosa?

La cultura y el peligro venidero es el tema que abordó Chesterton en una conferencia que pronunció en 1927, precisamente el año en que por primera vez la BBC emitía públicamente imágenes de televisión. Con la lucidez que le caracterizaba, decía en aquella ocasión: “El mal contra el que estoy intentando advertirles se podría expresar diciendo que es la generalización de la vulgaridad. La sociedad está inundada, cegada y ensordecida por una riada de exteriorizaciones vulgares y de mal gusto, que paraliza intelectualmente al hombre y no le deja tiempo libre para el ocio, el pensamiento o la creación desde su propio interior”. Ya se ve que la superficialidad no es solamente un mal de la televisión que tenemos ahora; es un peligro que nos ha acechado constantemente.

Estas palabras del periodista inglés son una llamada para no caer en la parálisis intelectual, y aunque fueron pronunciadas hace ya tiempo, hoy más que nunca tienen una gran actualidad. Lo vulgar logra entretenernos con facilidad, quizá llegue a divertirnos por un tiempo. Pero nos despista de lo genuinamente humano: cultivar nuestra propia interioridad.

Al hablar de parálisis intelectual Chesterton no se refiere al uso de la inteligencia que pueda hacer un estudiante para resolver una ecuación, o para aprender un tema de Derecho Civil. Se refiere, más bien, a la parálisis de la inteligencia en la reflexión sobre las grandes cuestiones que tienen verdadera importancia para cada persona. Es precisamente esta búsqueda de respuesta que se plantea, no desde fuera, sino en la propia interioridad de cada uno lo que ha dado lugar a la cultura. Ésta no es tanto una acumulación de conocimientos de índole histórica o científica, sino más bien es el fruto de cultivar unas referencias válidas y unos principios verdaderos que constituyan para cada persona como un mapa intelectual con el que embarcarse en el recorrido a través de la propia vida.

Decía Gombrich que la civilización se puede transmitir, pero no se puede enseñar en cursos que acaben simplemente en un examen. Se podría decir que la diferencia viene marcada por el encuentro con los grandes maestros. Éstos dejan una huella imborrable en la mente de sus discípulos, pues no sólo aportan un conocimiento concreto, sino que proporcionan claves y principios para entender la realidad en profundidad y conocer el sentido que tienen las cosas.

Encontramos a estos grandes maestros sobre todo en los libros. Allí uno puede leer las respuestas que han dado a las cuestiones fundamentales del hombre, sobre las que uno siempre vuelve. Y además las encuentra expresadas con gran belleza.

Muchos se preguntan si dedicar tiempo a cultivar las humanidades sirve para algo. Si uno estudia la Ley de Gravitación Universal, podrá entender el mecanismo de las poleas, y esto servirá para el diseño de una máquina sencilla, como puede ser un ascensor. Sacar tiempo para leer a Shakespeare no produce ningún resultado: con Hamlet no puedo montar nada ni ganar más dinero en la Bolsa.

Pero también es cierto que con la Ley de Gravitación Universal resulta muy difícil dirigir un equipo de personas o educar a los hijos. Y sin embargo, Shakespeare ofrece numerosas claves en sus obras para comprender el comportamiento del hombre y sus sentimientos.

La lectura de los clásicos ayuda a abordar las cuestiones que de verdad nos importan, las que no son vulgares o banales. En definitiva, las cuestiones que tienen que ver con el sentido de la vida. Es un modo de cultivar nuestra interioridad y ser capaces así de ver la realidad exterior con criterio propio, con más capacidad de crítica. Seguramente con esta mirada enriquecida veríamos con otros ojos la televisión que tenemos.


Tomás Baviera Puig
Director del Colegio Mayor Universitario de La Alameda


La Alameda / Documentación