|
Mario Azara es ingeniero industrial
y Director de Eficiencia de la Agencia Valenciana de
la Energía. Nació en Gandía (Valencia)
en 1944. En 1962 se traslada a Valencia para realizar
las pruebas de acceso a la Universidad.
A continuación se traslada a
San Sebastián donde se licencia en Ingeniería
Industrial.
En esta breve entrevista le preguntamos
acerca de los recuerdos que guarda de su estancia en
La Alameda el curso 62-63.
Antes de venir al Colegio Mayor de
La Alameda, ¿dónde residió?
Estuve, como la mayoría de estudiantes
en las Pensiones Patronas. Eran casas particulares
de señoras viudas que hospedaban a cuatro o cinco
estudiantes a cambio de una mensualidad bastante económica.
Nos cuidaban como nuestras madres: nos hacían
la comida, nos lavaban la ropa , la limpieza... estabas
como en casa.
Guardo especial recuerdo de la Pensión
que había en la calle Canovas. Allí viví
una temporada con mi gran amigo Antonio Pons.
Nunca olvidaré a Dña. Concha y a Dña.
Pepita, era como un hijo para ellas.
Quizás a los universitarios actuales
les resulte raro el sistema de las Pensiones Patronas,
acostumbrados a vivir en pisos. En mi época era
todo lo contrario, de hecho la moda de que los universitarios
vivieran en pisos no vino hasta finales de los sesenta,
principios de los setenta.
Los únicos Colegios Mayores que
había por entonces en Valencia eran San Juan
de Ribera (Burjassot), Luis Vives y La Alameda.
¿Qué fue lo que más
le sorprendió de su estancia en La Alameda?
Desde el principio me llamó la
atención la experiencia enriquecedora que supone
convivir con estudiantes de diferentes lugares, carreras
y edades. Aprendí mucho e hice grandes amigos.
Característico de esta diversidad
era la rivalidad, siempre amistosa, que había
entre los de letras y los de ciencias. Había
muy buen ambiente, nos lo pasábamos en grande,
siempre nos estábamos riendo, cosa que era compatible
con un estudio serio y profundo.
¿Guarda especial recuerdo de
algún momento o actividad durante su estancia
en el Colegio Mayor?
El curso en el que estuve se estrenó
la parte nueva del Colegio que comprende lo que hoy
en día son los bajos, el salón de actos
fue desde entonces un atractivo más del Colegio.
Una cita obligada era el Cine Alameda,
al que íbamos todos los martes. Esto daba mucho
juego, ya que la película vista se comentaba
a lo largo de la semana y se esperaba con expectación
el siguiente estreno.
Mi afición a la música clásica
nació gracias al Club de Música. Diez
estudiantes nos reuníamos todos los domingos
por la tarde haciendo la correspondiente audición.
De esta forma, aprendí historia de la música
y eduqué mi sensibilidad musical.
¿Observa cambios entre la universidad
actual y la de su época?
Quizás fuera más difícil
el acceso a la universidad en mi época. La media
para aprobar el temido examen de ingreso eran tres años,
aprobarlo a la primera era una utopía.
La no masificación de la Universidad
de entonces permitía una relación más
cordial entre profesor y alumno, el trato era muy cercano.
De los estudiantes con los que coincidió,
¿mantiene algún tipo de relación?
Sí, los amigos de La Alameda son
para toda la vida. Lógicamente el trato no es
igual con todos, aunque mantengo una estrecha amistad
con mis queridos amigos de Gandía como son Antonio
Pons y José Eugenio González.
|