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José Eugenio González
es licenciado en Económicas y miembro de la asociación
de Antiguos Colegiales de Samaniego- La Alameda (ACSA).
Nació en Gandía (Alicante)
en 1942, y en 1960 se trasladó a Valencia a comenzar
sus estudios universitarios. Casado y con un hijo, no
ha interrum-pido su vinculación con el Colegio
desde que acabara sus estudios.
En esta breve entrevista le hemos pedido
que nos hable de sus recuerdos como residente de La
Alameda y de los proyectos que tiene el Patronato para
el Colegio.
Como sabes, el Colegio Mayor de La
Alameda fue impulsado por San Josemaría Escrivá
de Balaguer, recientemente canonizado. Siguiendo su
ejemplo se pretende cuidar de forma especial el modo
de tratar a las personas. ¿qué poso te
ha quedado de tu estancia en La Alameda?
De aquella época tengo numerosos
recuerdos: los compañeros universitarios, las
tertulias, el ambiente familiar que había, las
horas que pasábamos en la sala de estudio.
Lo que más agradezco al Colegio
es la formación integral que recibimos en todos
los campos de la vida: afectivo, social, familiar...
Esto es básico en la vida de cualquier persona.
Otra faceta que aprendí es el "saber estar"
en cada instante, saber afrontar cualquier circunstancia
que se presente en la vida.
También recuerdo las conferencias
que teníamos para conocer la Universidad desde
dentro. Se buscaba que los universitarios tuviéramos
una visión más amplia en nuestros conocimientos
y no quedarnos solo con lo aprendido en clase.
Usted fue universitario en la década
de los sesenta, fueron años bastante "movidos",
¿cómo era la Universidad de su época?
Había bastante sensibilidad política
y mucha tensión. Recuerdo que el cambio del bachillerato
a la Universidad no era muy brusco. La mayor novedad
que notábamos al ingresar en la Universidad era
la exigencia y la rigidez de los profesores universitarios.
Además las clases estaban masificadas, con lo
que era difícil la relación entre profesor
y alumno.
Otra de las cosa que más me impactaron
era la importancia de tomar apuntes, cosa imprescindible
porque apenas teníamos libros de las diferentes
materias.
De su estancia en La Alameda, ¿cuál
es el mejor recuerdo que conserva?
Sin duda, el ambiente familiar y alegre,
todos nos llevábamos de maravilla, esto se notaba
especialmente los días en que se celebraba algún
cumpleaños o santo: gastábamos numerosas
bromas. A pesar de que en el Colegio vivíamos
muchos todos nos conocíamos.
Han pasado cuarenta años de
su estancia en La Alameda, de los universitarios con
los que coincidió, ¿guarda algún
tipo de relación?
Sí, por supuesto. Tenía
grandes amigos como Juan Tonda, Jose María
Gozalvo y Ricardo Ramón Poveda, entre
otros, con el paso de los años la relación
no es tanta pero permanece la amistad. Hoy en día,
tengo más relación con un par de paisanos:
Antonio Pons, Alberto Peñín, y
con Fidel García que aunque no sea de
Gandía, es un gran amigo.
Para finalizar, como miembro del ACSA,
¿ qué planes tiene la asociación
para el presente curso, y a un plazo más amplio?
El principal propósito de ACSA
es mantener la relación con aquellas personas
que residieron en La Alameda o en Samaniego. Con este
fin, nos reunimos los terceros jueves de cada mes antiguos
colegiales, residentes y adscritos en el almuerzo. Por
otro lado, procuramos que tengan como invitados en las
tertulias del Colegio a antiguos colegiales.
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