| ¿Tienes algún recuerdo especial de La Alameda? ¿Cómo definirías el ambiente de La Alameda en aquellos años?
Leyendo, hace poco, el libro de Ana Sastre “Tiempo de caminar”, volví a recordar aquellos días de noviembre de 1972. El Padre, como llamábamos normalmente al Fundador del Opus Dei, venía a Valencia, y venía al Colegio Mayor de la Alameda –donde yo vivía desde el año anterior- y tendría una tertulia con los residentes.
En aquellos años el ambiente político estaba muy cargado –eran habituales las huelgas y manifestaciones- y Valencia era una pizarra de eslóganes. La fachada del Mayor era objeto de interés de los panfleteros y, para que no la ensuciaran esos días, montábamos guardia de dos en dos dentro de un coche. No sé qué hubiera pasado de haberse presentado cinco o diez grafiteros; el caso es que no aparecieron esos días.
Y vino el Padre y consagró el altar del oratorio y tuvo la tertulia con residentes y adscritos, y yo no estaba. Tenía un examen en el Politécnico –hacía Caminos- y aunque corrí lo que pude, llegué tarde, sudado y despeinado.
Logré llegar al final de la tertulia y estar en el rellano de la escalera, lo que me valió que se fijara en mí, al salir hacia el oratorio. “¡Así me gusta!”, me dijo mientras me hacía la señal de la cruz en la frente.
¿Qué impresiones personales destacarías desde la experiencia de tu paso por La Alameda?
Tengo otros recuerdos de mi paso por el Mayor, pero excepto el anterior, he de decir que el sentimiento general es agridulce. No obstante, tenía claro que quería que mis hijos pasaran la experiencia del Colegio Mayor: convivir con personas con gustos y aficiones diferentes, dentro de un ambiente de amistad y cariño.
¿Mantienes el contacto con alguno de los colegiales con los que estuviste en La Alameda?
Sigo teniendo amistad y trato con José Luis Miralles. Coincidimos el primer año en la misma habitación –primera de cuatro camas en el tercer piso- y cuál fue nuestra sorpresa al saber que veraneábamos en el mismo pueblecito del interior de Alicante.
No puedo dejar de aprovechar esta oportunidad para mandarle un fuerte abrazo a José Luis Llorens y a mi ahijado.
¿Cuál ha sido tu trayectoria profesional desde tu paso por la Universidad?
Hice Caminos. Entonces se podía cursar 1º en Alicante, y así llegué a Valencia , creo que en 1971, para empezar el equivalente a 2º curso en el Politécnico.
Viví como residente del Mayor 3 años. Después estuve en un piso en el pasaje Doctor Bartual Moret, y seguí como adscrito.
He desarrollado mi profesión de ingeniero durante 25 años, fundamentalmente en FERROVIAL y sobre todo haciendo autovías y autopistas por toda España.
Hace dos años tuve la oportunidad de preguntarle a Mavi –mi mujer- : ¿y si cambiamos? Y me dijo que sí, y hemos cambiado de actividad profesional, de urgencias y de prioridades. Eso sí, hemos ganado en espíritu aventurero y en capacidad de riesgo. ¡Igual hasta hemos rejuvenecido! Ahora hemos montado una Consultoría Familiar: mfc. Si nos entrevista el año próximo Belvedere, sabréis cómo nos va. Hoy estamos contentísimos y muy optimistas.
¿Tienes alguna afición que quisieras compartir con Belvedere?
Esta parte es la más comprometida, porque las aficiones extrañas definen mucho, pero ahí va: hago colección de aisladores eléctricos, también de tierras de colores (tamizadas) de mi época de carreteras.
En verano, en el campo, me divierto mucho haciendo EAOPREIs –“expresiones artísticas con objetos preindustriales”. Se trata de recuperar objetos antiguos –hechos a mano- y una vez limpios, hacer composiciones que puedan pasar por artísticas, o convertirlos en lámparas.
Mi más reciente afición consiste en crear una base de datos en la que quiero incorporar todos los seres vivos –actuales o fósiles- a través de su clasificación taxonómica. Ya tengo unos 3.500. |