| ¿Durante qué
años fuiste residente en la Alameda?
Entre el 2000 y el 2002 y luego, desde
el 2004 hasta el 2007.
¿Cómo ha influido en
tu vida la estancia en el Colegio Mayor?
No sabría qué responder.
Sólo puedo decir que La Alameda ha sido mi casa
durante cinco años... ¿cómo influye
tu casa en tu vida?
¿Qué te llamó
más la atención de la Alameda?
En primer lugar, la elegancia de la casa,
lo cuidado que estaba todo, la limpieza y el aire de
familia. Por supuesto, también, la calidad de
la comida y el servicio de limpieza... Sobre todo en
los cumpleaños, cuando preparan la comida que
a uno más le gusta. Recuerdo que mi primer cumpleaños
en La Alameda pedí de primer plato espinacas
con bechamel -uno de mis platos preferidos-, aunque
había recibido fuertes amenazas por parte de
otros residentes de que pidiera pasta u otro plato más
"popular". Lo cierto es que al final hubo
que rebañar las fuentes... nos lo terminamos
todo. Siempre pedí también, a pesar de
mi procedencia madrileña, crema catalana... que
sí tenía más predicamento entre
los colegiales.
¿Alguna experiencia positiva
que te dejara una huella especial?
Son muchísimas. Recuerdo que en
2001 hicimos una campaña de recogida de comida,
para distribuirla entre gente menos favorecida en Navidad.
Recogimos tanta comida que no cabía en ningún
armario. Al final la metimos en la sala de música.
El día que distribuíamos la comida en
las distintas cestas de Navidad fue una verdadera fiesta:
hicimos más de 80 cestas. Recuerdo que una señora
salió de Mercadona y nos dio... ¡un cepillo
de dientes! Dijo: "si van a tomar tanto chocolate,
necesitarán lavarse después los dientes,
¿no?". También recuerdo los sanos
piques jugando al fútbol, con Mundi Ramis,
Javi Vilanova, Germán Gisbert, Jordi Latorre
o Vicente Bosch. Nunca llegamos
a las manos, pero lo cierto es que poco faltó
en alguna ocasión. Una última cosa: las
charlas de formación cristianas previas al Encuentro
Mundial de las Familias, a las que acudieron una media
de 45-50 personas, y no había donde meterlas
en la sala de estar.
¿Alguna experiencia dramática
que no has podido olvidar?
Durante el año en que fui secretario
tuvimos una inspección de Hacienda... je, je,
je, pero no creo que pueda calificarse de dramático.
Gracias al buen hacer de Pepe Ruiz
y a Arturo Cañete salimos bastante
airosos. Durante el año pasado, hubo una temporada
que escuchaba extraños ruidos nocturnos, aunque
lo que hacía era despertar a algún residente
para hacer una ronda noctura en busca de imaginarios
visitantes indeseados (para más información,
puede preguntarse a Pau Xipell o a
Andrés Mengis). Una última:
la eliminación del Mundial de Korea Japón,
que la vimos de buena mañana en la sala de estar
y nos torció el día...
¿Qué planes de la Alameda
echas de menos, volviendo la vista atrás?
Más que planes, se extraña
a las personas. Puestos a señalar algunos planes,
mencionaré los paseos "filosóficos"
con Manel Mora por Viveros; las prisas
por ultimar detalles antes de los festivales; las cenas
en la Masía Baviera en Torrent; la vuelta a la
Tabacalera; ciertas tertulias con invitado: el inefable
Jorge Manuel Rodríguez, Toni Mir, Germán
Cerdá, etc... Por último, algunas
noches de insomnio para apuntalar el estudio de algún
examen.
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| Juan Martínez cuando
era colegial |
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| Juan Martínez en el V
Encuentro Mundial de las Familias |
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| Juan Martínez en una
excursión de La Alameda |
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| Juan Martínez en una
actividad solidaria realizada durante su estancia
en el Mayor. |
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