Entrevista a José Luis Miralles


José Luis Miralles es arquitecto y Presidente de la Asociación de Antiguos Colegiales de Samaniego-La Alameda (ACSA). Nació en Alicante en 1954, y en 1972 se trasladó a Valencia para estudiar Arquitectura. Casado y con cuatro hijos, vive en Valencia y no ha interrumpido su vinculación con el Colegio desde que acabara sus estudios. En esta breve entrevista le preguntamos acerca de los recuerdos de sus años de colegial y de su actual labor como presidente de ACSA.

Después de haber residido durante ocho años en el Colegio, recordarás muchas y variadas experiencias, ¿qué es lo que más agradeces a La Alameda? ¿qué crees que es lo más importante que aprendiste?

Recuerdo que siempre se nos animó a que contribuyéramos al mantenimiento del Colegio, que a fin de cuentas era nuestra casa durante el curso. Se ponía especial interés en el cuidado de las cosas pequeñas: podíamos sugerir arreglos que creíamos que era necesario hacer, y cada uno tenía su encargo material. A mi me tocó durante un curso ser el coordinador de estos pequeños arreglos: fui bautizado como MOP (Ministerio de Obras Públicas). Estos detalles ayudaban a crear un ambiente hogareño y familiar en el Colegio, que creo que es una de las características que más grabadas se me han quedado en la memoria.

En 1972, tu primer año como colegial, pudiste asistir a una tertulia en La Alameda con el Beato Josemaría Escrivá, fundador del Opus Dei, ¿Qué recuerdo guardas de aquella ocasión?

Como has dicho, aquel año era mi primero en el Colegio, y reconozco que no entendía muy bien aquel ajetreo para prepararlo todo adecuadamente. La casa estaba en obras, y recuerdo que dedicamos una tarde entera a dejarlo todo limpio y ordenado. La tertulia fue muy interesante, y se me hizo muy corta. Yo no conocía de nada al entonces Monseñor Josemaría Escrivá de Balaguer, y me dejaron impresionado su vitalidad y juventud, así como la fuerza con la que hablaba a los jóvenes. Entre otras cosas, nos animó a vivir coherentemente la vida cristiana, cumpliendo con perfección las obligaciones profesionales, en nuestro caso el estudio.

Como bien sabes, en las tertulias de La Alameda participan diversas personalidades de la vida universitaria, cultural y social, que nos enriquecen con sus experiencias y nos abren horizontes nuevos. Se tratan temas de actualidad, relacionados con las diversas carreras, que ayudan a no quedarse sólo en el campo de los propios estudios, sino a tener una visión más amplia. Este esfuerzo del Colegio por dar una formación integral a los residentes existió desde los comienzos... a la vuelta de los años, ¿recuerdas alguna tertulia de este tipo?

Esta costumbre de las tertulias con personas relevantes, como bien has dicho, está muy arraigada el la vida colegial de La Alameda. Entre todas ellas recuerdo especialmente varias: la de Rafael Gómez, entonces profesor de filosofía en la Universidad de Navarra, que consiguió hacer renacer en nosotros el interés por la filosofía, al mostrárnosla a un nivel asequible y cercano. También dio mucho de qué hablar el profesor Pedro Juan Viladrich, que nos dio una visión muy positiva del matrimonio y de la necesidad del sacrificio y del compromiso, mostrando que, aunque no estén de moda, es donde realmente se muestra el amor. Pepe Claramunt I, jugador del Valencia C. F., habló del mundo del fútbol y de las características de la vida de un deportista de élite. Otros nombres que ahora me vienen a la cabeza (es imposible recordarlos a todos) son: el historiador José Orlandis, Rafael Rodríguez Lapuente, militar, o el periodista Carlos Soria.

¿Había algunos días señalados que fueran especialmente esperados por colegiales?

Todos los fines de semana se proyectaba una película en cine, que era siempre muy bien recibida. Los rollos se alquilaban en una tienda, e íbamos a buscarlos con un “dos caballos” de un residente que era conocido como “la cabra”, quizá porque lo utilizábamos todos y aguantaba lo que hiciera falta.

También, dos semanas antes de fallas, hacíamos la falla del colegio en el patio interior. La tradición mandaba que sólo se podía invertir una noche en construirla. Todos los colegiales nos poníamos a las órdenes del “artista fallero”, normalmente el residente que había tenido la idea más feliz, aunque anualmente la idea se quedaba a mitad de camino y la falla resultaba más bien abstracta. La noche siguiente era la “cremà”.

Ya por último, como presidente de ACSA, ¿podrías comentarnos qué objetivos tiene la Asociación y qué actividades se realizan para no perder el contacto con los antiguos colegiales?

Como bien has dicho el principal propósito de ACSA es mantener la relación con aquellas personas que residieron en La Alameda o en Samaniego. A estos efectos se organiza anualmente un almuerzo en la sede del Colegio para los antiguos alumnos y sus familias, que siempre resulta entrañable. Otros medios para seguir en contacto son las publicaciones del Colegio, que reflejan los acontecimientos de la vida colegial, o las felicitaciones navideñas, que procuramos que lleguen a todos. Nuestra ilusión es que ninguno deje de sentirse nunca colegial de La Alameda o de Samaniego, que no haya ex-alumnos, sino simplemente antiguos colegiales..

José Luis Miralles en una reciente tertulia en La Alameda

Un colegial preparando la proyección de una película.

Narcís Romagós, José Luis Miralles y Jaime Aloy momentos antes de la “mascletà” en Micer Mascó (1974).

Antiguos Colegiales / Jornada de Antiguos