| José Luis Galdón
nació en Valencia. Durante algunos años
estuvo asistiendo a las actividades de La Alameda. Actualmente,
es doctor ingeniero de caminos y profesor titular en
la Universidad Politécnica de Valencia. A la
vuelta de los años nos cuenta en esta entrevista
cómo fue su paso por el Colegio Mayor.
¿Durante qué años
estuviste frecuentando el Colegio Mayor?
Desde el año 1971 a 1976. En esos
años estudiaba en la Universidad Politécnica
la carrera de Ingeniero de Caminos, que terminé
en 1976. Empecé a frecuentar el Colegio por la
invitación de un residente que también
estudiaba en la UPV, aunque luego cambió a la
Facultad de Medicina, que es la carrera que terminó
y que ejerce en la actualidad. Juan de Pablo,
que así se llamaba, era un malagueño muy
simpático al que ya hace un montón de
años que no veo, aunque siempre queda una buena
amistad y un grato recuerdo.
¿Qué actividades eran
las preferidas por colegiales y amigos del Mayor?
Las actividades que se organizaban en
aquellos años eran, en parte, parecidas a las
de ahora, aunque con algunas diferencias.
Entre las actividades de tipo cultural,
se organizaban seminarios de estudio, tertulias, cine-fórums,
jornadas de iniciación a la universidad para
alumnos de primer curso, tutorías, etc. Entre
todas ellas recuerdo de manera especial las jornadas
de iniciación, que tenían un seguimiento
durante todo el curso a través de tutorías
periódicas. Del resto de actividades, participaba
en la medida en que el plan de estudios dejaba tiempo
libre, que era más bien poco. Conviene recordar
que el plan de estudios de la UPV era semestral, de
tal manera que aprobabas todas las asignaturas o las
repetías todas. Esto hacía que el tiempo
dedicado al estudio fuera de unas 32 horas al día
(exagerando un poco).
Las actividades formativas eran muy parecidas
a las actuales: retiros, vela, meditaciones los sábados,
etc. Todas ellas hechas con un tono muy grato y alegre,
respetando siempre la libertad personal.
Tal vez las actividades más divertidas
eran las que se improvisaban o las que no estaban normalizadas.
Recuerdo algunas pequeñas gamberradas de bienvenida
a los colegiales (que no es oportuno comentar), algunas
actividades falleras, así como algunos desvaríos
producidos en las épocas de exámenes,
donde el ingenio se agudiza bastante y surgen algunas
bromas, como llamar por el interfono de la sala de estudio
al señor “Ramón y Cajal”.
En el año 1972 San Josemaría
Escrivá estuvo de tertulia en La Alameda. ¿Qué
impresión guardas de aquel momento?
Tuve ocasión de verlo en dos ocasiones.
Una de ellas en el Colegio Mayor, donde consagró
el altar del oratorio y tuvo luego una tertulia en la
sala de estar, con los colegiales y amigos. La tertulia,
de la que hay algunas fotos en las salitas del colegio,
fue muy grata y entrañable. Seríamos no
más de 60 ó 70 personas en la sala de
estar y el tiempo se nos pasó sin darnos cuenta.
Lo que preguntamos y él nos contestó está
todo escrito y lo que yo puedo añadir es más
bien poco. No obstante, lo que si que puedo decir es
la ilusión con que preparamos el viaje, el cariño
que se puso en que todo saliera bien y los cambios de
planes que hicimos para poder dedicar el tiempo necesario.
Aquellos momentos fueron tan intensos que difícilmente
pueden expresarse en palabras. Son recuerdos que con
frecuencia vienen a la cabeza y al corazón. Cualquiera
que fuera protagonista sé que me entenderá.
¿Qué es lo principal
que aprendiste en La Alameda?
Como los ingenieros solemos enrollarnos
poco, siendo breve puedo decir que aprendí dos
cosas: rezar y ser amigo de mis amigos. Evidentemente
esta afirmación se puede matizar más diciendo
que el ambiente alegre y de sana amistad que se respiraba,
y que se respira, hace que ésta se alcance rápidamente.
¿Mantienes el contacto con
las amistades hechas en el Colegio Mayor?
En algunos casos sí, ya que los
que nos hemos quedado en Valencia nos vemos con cierta
frecuencia. Los que por circunstancias profesionales
o familiares han salido de Valencia, hemos perdido la
relación, aunque no la amistad. Si por algún
motivo nos hemos vuelto a ver después de algún
tiempo, se nota que esa amistad permanece. Así
lo he podido comprobar últimamente en dos ocasiones:
al encontrarme en junio en Madrid en la manifestación
sobre la familia con Manolo Quesada,
y en el último congreso de Orientación
Familiar celebrado en Madrid en noviembre último,
donde coincidí con Andrés Valdés.
A los dos hacía unos 25 años
que no les veía.
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