Entrevista a Luis J. Latorre


Luis J. Latorre Matute estudió Arquitectura en la Universidad Politécnica de Valencia. Es Arquitecto municipal de Cullera desde 1989, y también se dedica al ejercicio profesional libre, realizando trabajos de diversos tipos, como proyectos de edificación y planes de urbanismo.

Es padre de seis hijos, con edades entre veintidós y trece año. El segundo de ellos, Jorge, reside ahora en el Colegio Mayor Alameda, al igual que estuvo su padre en el curso académico 1970-1971

¿Cómo era la vida en La Alameda cuando usted residió allí?

Residí en el Colegio Mayor de La Alameda durante el curso académico 1970-1971, cuando inicié los estudios de Arquitectura en lo que entonces era Instituto Politécnico, hoy Universidad Politécnica de Valencia. Era la época en que se trató de implantar en las carreras técnicas el sistema de semestres en lugar de cursos, y era un plan muy duro, porque teníamos exámenes todos los lunes, cada semana de una asignatura distinta, lo que obligaba a pasar el fin de semana estudiando.

Esto hacía que no pudiéramos participar en la vida colegial y dedicar tiempo a otras actividades culturales, recreativas, deportivas, etc. Los del Politécnico éramos una especie de bichos raros que nos pasábamos la vida en la biblioteca estudiando, y que estábamos desfasados del resto de universitarios, porque empezábamos a principio de septiembre, teníamos dos semanas de vacaciones en febrero y acabábamos a finales de julio, con lo que el verano se reducía al mes de agosto.

Además como en aquel sistema o se aprobaba todo, o se suspendía todo y había que repetir el curso completo, no se podían correr riesgos y por eso me quedó la sensación de no haber podido aprovechar todas las oportunidades que se nos ofrecían para completar la formación universitaria o académica, por el hecho de tener que dedicar muchas horas al estudio, aunque al menos en mi caso pienso que estuvieron bien empleadas, porque logré aprobar el curso.

¿Qué destacaría del ambiente universitario del Colegio Mayor durante su estancia?

Destacaría fundamentalmente el buen ambiente de estudio, el silencio en la biblioteca que ayudaba a concentrarse, y donde el ejemplo de los restantes colegiales entregados al estudio ayudaba a dedicar las horas necesarias.

También fue importante para mí la formación en el aspecto religioso, que sirvió para continuar la que ya había recibido en Bachiller en el colegio de los HH. Maristas.

¿Qué recuerda con más cariño?

Recuerdo con agrado las tertulias y el hecho de compartir habitación y mesa con gente de distintas carreras, con otra forma de ser y de diversa procedencia, cosa que resultaba muy enriquecedora. También me resultaban interesantes las convivencias de estudio en sitios como La Lloma, donde además de estudiar se hacía deporte y venía gente interesante a contar sus experiencias.

Tengo un recuerdo especial de la Nochevieja de 1970, en la que después de haber cenado y tomado las uvas con mi familia, fui al Colegio y estuvimos cantando al son de la guitarra que tocaba un colegial que se llamaba Diego Martínez. Fue una forma de empezar el año 1971 con diversión sana y moderada.

¿Mantiene contacto con antiguos residentes?

Cuando estuve en el Colegio Mayor Alameda el Director era Alejandro Llano, el subdirector Francisco Bouthelier, y el secretario Alberto Leal. Compartía habitación con otros alumnos del politécnico que estudiaban Ingeniería: Pedro Pérez Botella, Juan Carlos Martínez Peinado y Juan de Pablo Molina.

Estuve residiendo sólo un año en el Colegio, porque al año siguiente vinieron mis padres a vivir a Valencia y me fui a vivir con ellos, y aunque continué vinculado al Colegio, yendo a estudiar y asistiendo a algunas actividades de las que se organizaban. El trato con los residentes ya no era tan intenso y prácticamente tengo contacto con los compañeros de profesión, con los que coincido algunas veces, como son Roberto Martínez, Octavio Raduán, o Rafael Olcina.

¿Qué le enseñó La Alameda?

Creo que la vida en un Colegio Mayor, y en concreto en La Alameda ayuda a contrastar opiniones con personas que tienen otros puntos de vista y a relacionarse con los demás respetando las otras formas de pensar, forjando virtudes humanas y suponiendo una preparación para la vida familiar y profesional en la que muchas veces te encuentras con situaciones incómodas, y te toca hacer cosas que no te gustan pero a las que tienes que hacer frente y superar. Para eso es muy importante tener una formación humana sólida apoyada en las virtudes que en el Colegio se intentan trasmitir.

 

 

 

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