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José Jover Bellod, antiguo
residente del Colegio Mayor de La Alameda, nos recibió
en el despacho de su clínica para rememorar viejos
tiempos de su estancia en el Colegio
¿Durante qué años
estuvo residiendo en el Colegio Mayor?
Al iniciarse el curso de 1958, por falta
de plazas en La Alameda, viví durante algún
tiempo en una residencia, pero antes del segundo cuatrimestre
ya estaba en el Colegio Mayor. Del que no salí
hasta el año 1963.
¿Cómo fue su estancia,
por aquel entonces, en La Alameda?
Divertida, recuerdo muchas anécdotas
de los buenos ratos que pasé en ese edificio.
Recuerdo, por ejemplo, cómo recibía un
veterano a los nuevos residentes, cuando llegaban éstos
cargados de maletas al hall del Colegio y preguntaban
por el ascensor.
Mirándoles despacio, les señalaba
el lema que está escrito en tantas vidrieras,
Per aspera ad astra y con una traducción
un poco libre les decía: -Ya veis, por las escaleras
hasta la quinta.
¿Qué recuerda con más
cariño de su estancia en el Mayor?
Las tertulias, sin lugar a dudas, esos
ratos que pasábamos todos los días después
de comer, hablando de los más diversos temas,
unos más serios y otros más del día
a día. Luego estaban aquellas tertulias donde
se invitaba a algún profesional, era como asomarnos
a lo que nos esperaba tras la universidad, y una gran
ocasión de aprender de la experiencia de mucha
gente.
¿Cómo era la vida en
el Mayor?
En el Colegio Mayor uno se lo pasaba bien,
pero eso no quiere decir que no se nos exigiese: se
nos exigía y mucho, en el estudio, en el saber
estar. Tú allí tenías que aprender
que el colegio tenía unos objetivos, que por
otro lado iban encaminados a ayudarte a ti mismo. Y
uno, claro está, se debía amoldar a eso,
o marcharse, porque lo que sí que aprendí
es que allí no servían los vagos.
¿Mantiene algún contacto
con sus antiguos compañeros de La Alameda?
Yo forjé grandes amistades en La
Alameda, luego la vida lleva a cada uno por su camino
y no nos vemos tanto como querríamos. Pero, por
otro lado, cuando nos reunimos hay una nota predominante,
el cariño. Siempre que yo he acudido a ellos,
o viceversa, la respuesta ha sido positiva.
¿Qué le enseño
La Alameda?
Fundamentalmente, y resumiendo mucho,
dos cosas. La primera, a estudiar: yo todavía
estudio, si no, en mi profesión estoy perdido,
y eso es un hábito que me inculcaron en el Colegio
Mayor. La segunda, a enseñar con el ejemplo.
Uno veía que en La Alameda todos practicaban
lo que predicaban, y eso fue, sin duda, mi mejor maestro.
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| Algunos residentes de la época. |
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| Residentes del año 1960. |
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