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Joaquín Rodríguez
Mas más conocido por todos como Chimo-
ha sido secretario del Colegio Mayor de La Alameda en
los últimos cuatro años. Natural de Elche,
inició sus estudios de Ingeniería de Caminos,
Canales y Puertos en La Alameda, donde estuvo los dos
primeros años de carrera. En septiembre del 2004
ha marchado a Roma, y la redacción de Belvedere
ha querido recordar con Chimo su paso por el Mayor.
Tras estos últimos cuatro años
vividos en la Alameda, ¿qué impresiones
te llevas de ella?
Durante mis años de estudiante
lo que más ha valido la pena ha sido la amistad
que he hecho con gente de mi clase y del Colegio Mayor.
He hecho unos amigos alucinantes a los que les debo
mucho en la vida, de los que he aprendido mucho y de
los que me he hecho como hermano.
¿Qué es lo que más
recuerdas de la vida universitaria?
Las horas que he pasado con los amigos.
Los seis años de carrera y el proyecto los he
pasado en el Colegio Mayor. Te cuento algunas anécdotas.
Le tengo mucho cariño a un premio que me dieron
mis compañeros de clase que se llamaba el premio
de Viga de Timosenco. Y recuerdo también un día
en el que un amigo y yo estábamos hablando en
clase, de un profesor al que le quedaban dos clases
para jubilarse, que se llamaba si no recuerdo mal Romualdo.
Y cuando se percató que estábamos hablando
nos soltó un discurso en el que nos decía
que había estado durante toda su carrera profesional
sin expulsar a nadie, e íbamos a tener el honor
de ser los primeros a los que expulsase en toda su larga
vida. Y recuerdo esas noches que nos quedábamos
algunos pocos hasta las cuatro de la madrugada en el
Colegio Mayor haciendo trabajos o las prácticas
de empresas.
¿Qué actividad recuerdas
con más cariño?
El tema del voluntariado en La Alameda
ha sido impresionante en estos años. Particularmente
me he involucrado más en el programa de voluntariado
Operación Marítimo, del que guardo
un especial recuerdo por tratarse de una experiencia
muy buena en la que la gente aprende ayudando a los
demás. Otros programas con especial gancho han
sido Una sonrisa por Navidad y Café
para Todos. Por supuesto, el Campo de Trabajo de
Nicaragua ha desbancado, ha sido el programa de voluntariado
más completo de todos, también el más
intenso y el más largo. Y a parte estas actividades,
también recuerdo con especial cariño los
ratos de trabajo y estudio con mis amigos que he pasado
en La Alameda, en los cuales nos lo montábamos
bastante bien, sacando abundantes horas de estudio.
¿Nos puedes relatar algo acerca
del reciente campo de trabajo en Nicaragua, que se considera
el segundo país más pobre de toda América?
Ha sido una de las experiencias más
enriquecedoras de mi vida. Sinceramente le doy muchas
gracias a Dios por haberme permitido ir a Nicaragua.
He conocido allí a gente encantadora. He visto
todo el bien que puede hacer una persona bien formada
con ideas claras y con un fondo cristiano. Y también
he visto cómo es absolutamente positivo que la
gente se involucre en cosas de voluntariado, ya que
aprendes un montón, además de retornar
con otros ojos; ves nuestro mundo tan occidental y moderno
de una forma muy distinta y más autocrítica.
La verdad es que aparte de haber echado una mano y de
haber aprendido mucho, me lo he pasado muy bien con
la gente tan maja que ha ido.
¿Qué te ha enseñado
La Alameda tras estos años?
Me ha enseñado básicamente
a hacer amigos. Y a darme cuenta de que uno puede ayudar,
con sus más o sus menos talentos, mucho a la
gente. Yo creo que es lo fundamental. Por supuesto también
está toda la parte en la que me han enseñado
a tener una vida cristiana más sólida
y coherente. Ambas cosas quizá sean las que más
me vayan a servir durante mi vida. Que uno es más
feliz cuando se da a los demás.
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