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Marie
Cantin
Quebec, Canadá |
Marie Cantin –de Quebec (Canadá)- estudió
medicina, pero ahora se dedica por entero a su familia.
Leer a san Josemaría le ha ayudado a valorar
los sacramentos, a hablar con Dios en todo instante
y ante cualquier ocupación, y a hablar de Dios
a sus amistades. Ella dice que se siente obligada a
compartir un tesoro.
“Hace unos diez años, cuando hice la elección
de dedicarme totalmente a mi familia y dejar por algún
tiempo mi profesión de médico, sentí
la necesidad de alimentar mi fe. Me acordé entonces
del Opus Dei. Decidí ponerme en contacto con
un centro de la Prelatura, y ¡eureka!, lo que
oía saciaba mi sed de amar a Cristo.
Desde el comienzo, me cautivó el mensaje sobre
el trabajo. Aprecié mucho descubrir que lo que
da valor a nuestras tareas era el amor de Dios que se
pone al realizarlas. Es, en medio de las cosas
más materiales de la tierra, donde debemos santificarnos,
sirviendo a Dios y todos los hombres, decía
el fundador del Opus Dei. Bajo esta luz, el simple hecho
de preparar una comida o de bañar a un niño
adquiere un valor infinito.
Mi vida espiritual se ha enriquecido con el estudio
de los escritos de san Josemaría. He comprendido
que mi bautismo me confiere una vocación –la
santidad– y que es posible alcanzarla gracias
a la frecuencia de sacramentos, la oración, la
dirección espiritual, el conocimiento de la doctrina
cristiana.
Me impresionó el amor de san Josemaría
a esa fuente de gracias que son los sacramentos. La
misa, centro y raíz de la vida cristiana,
es cada vez más para mí, como lo fue para
él, el eje alrededor del que giran mis días.
Además, la frecuencia asidua del sacramento de
la alegría, o sea la confesión, me ayuda
a conocerme mejor y a discernir más claramente
la voluntad de Dios; ese encuentro de corazón
a corazón entre Padre e hija me permite experimentar
aún más la realidad de la filiación
divina, fundamento del espíritu del Opus Dei.
Una vez que mi vida interior creció, descubrí
la posibilidad de ver con la mirada de Dios, de desarrollar
un “alma contemplativa” que me ayude en
el esfuerzo por captar la voluntad de Dios en
esos detalles pequeños y grandes de la vida.
Pero el panorama que me abrieron los escritos de san
Josemaría no se limita a mi santificación,
sino que desborda hacia los demás: mis relaciones
de amistad han tomado un sentido nuevo, porque comprendo
mejor mi responsabilidad de compartir con mis amigos
este tesoro de alegría.
Desde que conozco todo esto, no pasa un día
sin que agradezca a Dios que haya abierto este nuevo
camino de santidad en su Iglesia y que nos haya invitado
a mi esposo y a mí a seguirle en él”.
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