| |
Patric
Rylander
Estocolmo, Suecia |
Patric Rylander es periodista en Estocolmo (Suecia).
Recientemente, ha sido recibido en la Iglesia católica.
Su vida de relación con Dios ha cobrado nuevos
bríos y –aun consciente de sus defectos-
Patric procura no tener miedo de proponer el Evangelio
a sus amigos.
“Mi andadura como católico no ha hecho
más que comenzar, y cada día descubro
nuevos fallos y defectos, pero me parece que con la
gracia de Dios he avanzado algo.
En primer lugar, ahora tengo una verdadera vida de
oración y de piedad, en la que la meditación
y la Misa ocupan un lugar central. Antes, en mi vida
cristiana en otra confesión religiosa, tenía
una cierta tendencia a practicar una especie de doctrina
de la acción.
Era de alguna manera un fariseo, y ciertamente todavía
conservo algo de esa tendencia. Pero en la dirección
espiritual que recibo y en los escritos de san Josemaría
tengo un recordatorio constante de que las “obras”
son sólo un medio y no una meta en sí
mismas. La reflexión es increíblemente
importante. No se trata de hacerse un lavado de cerebro,
sino de usar las situaciones corrientes para la oración
y la consideración de la presencia de Dios y
de los ángeles en nuestra vida de cada día.
En segundo lugar, he recibido ayuda para entender
que Dios es verdaderamente mi Padre. Antes
tendía a resaltar de tal manera mi propia pequeñez
y debilidad que Dios quedaba bastante lejos de nosotros
los hombres. Ahora sé que está continuamente
conmigo y que todo lo que sucede tiene un sentido. Quizá
es ingenuo, pero también es profundamente humano
y cristiano.
En tercer lugar, durante muchos años he sentido
un cierto agotamiento social. Los distintos trabajos
que he tenido y las circunstancias de mi vida han hecho
que, al final, apenas pudiera aguantar al prójimo.
Desde hace un tiempo, todo esto ha cambiado. Ahora intento
restablecer contacto con mis amigos y buscar nuevos,
en parte sencillamente porque es agradable –somos
criaturas sociales que se necesitan unas a otras y tienen
necesidad de pasarlo bien juntas– y en parte porque
yo, como todos los cristianos, tengo la obligación
de extender el Evangelio en la vida corriente entre
quienes me rodean.
Siendo relativamente nuevo en la Iglesia, no dejo de
sorprenderme de que algunos católicos tengan
miedo de evangelizar. Es cierto que hemos de respetar
las decisiones libres de la gente, pero ¿cómo
van a tener la posibilidad de elegir si no llegan nunca
a saber lo que supone una fe viva?”.
|