 |
D.
Armando Lasanta
Alberite, España |
Armando Lasanta es párroco de Alberite (La Rioja,
España). Sacerdote desde 1990, aprendió
de san Josemaría a “santificar su vida
ordinaria” de sacerdote: decir la Misa con calma,
visitar a los enfermos, escuchar pacientemente a los
fieles, tratar con intimidad al Señor, buscar
nuevas vocaciones... Pertenece a la Sociedad Sacerdotal
de la Santa Cruz, una asociación de sacerdotes
unida al Opus Dei.
“Me ha hecho un gran bien el ejemplo del fundador
del Opus Dei que siempre decía: lo primero, las
normas de piedad, el trato con el Señor en la
oración, la celebración de la Santa Misa,
el cuidar los pequeños detalles en el trato con
las personas, la asistencia a los enfermos... He aprendido
de él la importancia de estar siempre alegre,
de transmitir optimismo, de ser positivo en medio de
las contradicciones de la vida. Todo es para
bien, decía y él mismo era maestro
del buen humor.
Otra gran inquietud que también he heredado
de su experiencia es buscar vocaciones sacerdotales.
Ayudar a que los chavales, los jóvenes, descubran
que, si Dios les llama, lo que dé sentido a su
vida puede ser entregarse a Dios a través del
sacerdocio. Hacerles ver que entregar la vida al sacerdocio
es una cosa estupenda, maravillosa. Yo mismo fui fruto
en cierto modo de la inquietud apostólica del
sacerdote de mi pueblo...
También he aprendido del fundador del Opus Dei
que la formación tiene que ir encaminada al trato
con Jesucristo. Que la gente ame a Jesucristo, que se
acerque a Él. Para eso, el Sagrario de la iglesia
tiene que ser el centro de la vida, no sólo del
sacerdote, sino también del pueblo; que sientan
al Señor en el Sagrario como una referencia,
Alguien a quien pueden visitar y acudir. Procuro recordar
a todos que debemos recibir la Comunión con el
alma limpia, después de haberle pedido perdón
en el sacramento de la confesión, cuando es necesario.
Y luego, el trato con nuestra Madre la Virgen. En una
tierra como ésta de la Rioja, que es tan amante
de nuestra Madre, les animo a ponerla también
a Ella como centro de sus vidas, junto al Señor
en el Sagrario.
Por mi parte, gracias a los medios de formación
que recibo en la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz
he ido adquiriendo un amor cada vez mayor a la Iglesia,
al Papa y al magisterio. Me conmueve descubrir la gran
fidelidad del Papa a Jesucristo. Es un hombre que se
gasta por la Iglesia”.
|