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Artículo de Augusto
Cruañes Cruañes, antiguo colegial
de La Alameda y vicario de la Iglesia de San Juan del
Hospital de Valencia.
El artículo se publicó el 21 de enero
de 2002, en el Boletín de San Juan del Hospital.
Como el artículo fue publicado antes de la canonización
de San Josemaría Escrivá, hemos cambiado
las referencias al Beato del texto original.
La vida del Fundador del Opus Dei ha estado íntimamente
ligada a Valencia, por ser la primera ciudad del mundo
a la que difundió aquella semilla recibida de
Dios.
«A Valencia la miro con una predilección
que no es ofensa para ninguna otra ciudad de España
o de fuera de España. Porque el Señor
quiso que, cuando estábamos pensando en abrir
simultáneamente un Centro en París y otro
aquí, se estropearan las cosas, se perdiera la
paz política en España, y viniera aquella
guerra fratricida. Después tuvimos que empezar
aquí, y no en París. Por tanto, parece
que Dios Nuestro Señor quiere que yo ame de una
manera particular a Valencia». Estas palabras
de San Josemaría, pronunciadas en 1972 en nuestra
ciudad, en uno de sus encuentros con familias, explican
su afecto por Valencia.
LA
FUNDACIÓN DEL OPUS DEI

San Josemaría Escrivá de Balaguer nació
en Barbastro el 9 de enero de 1902. Recibió la
ordenación sacerdotal en Zaragoza el 28 de marzo
de 1925. La fecha del 2 de octubre de 1928 marcará
un antes y un después en la vida de San Josemaría.
Como diría en muchas ocasiones, ese día
Dios le hizo ver aquello por lo que llevaba
pidiendo luces durante más de diez años.
Se encontraba en Madrid, pasando unos días de
retiro. Como explica uno de sus biógrafos, «ante
su vista, dentro del alma, aquel sacerdote en oración
vio desplegado el panorama histórico de la redención
humana (...) En ese momento captó el meollo divino
de la excelsa vocación del cristiano, que, en
medio de sus tareas terrenales, era llamado a la santificación
de su persona y de su trabajo. Con esa luz vio la esencia
de la Obra, destinada a promover el designio divino
de la llamada universal a la santidad (...). Con inmenso
pasmo, entendió, en el centro de su alma, que
dicha iluminación no sólo era respuesta
a sus peticiones, sino también la invitación
a aceptar un encargo divino» [VÁZQUEZ DE
PRADA, Andrés, El Fundador del Opus Dei tomo
I, Rialp, Madrid, 1997; pág. 294]. A partir de
ese momento, empezó a trabajar con gente de toda
condición, en especial, con jóvenes universitarios.
A muchos de ellos les alentaría a acompañarle
en sus atenciones a enfermos y a la amplia catequesis
que desarrollaba en los barrios marginales. Así
lo recordaba el día de San José de 1975:
«Fui a buscar fortaleza en los barrios más
pobres de Madrid. Horas y horas por todos los lados,
todos los días, a pie de una parte a otra, entre
pobres vergonzantes y pobres miserables, que no tenían
nada de nada; entre niños con los mocos en la
boca, sucios, pero niños, que quiere decir almas
agradables a Dios (...) Fueron años intensos,
en los que el Opus Dei crecía para adentro sin
darnos cuenta. Pero he querido deciros que la fortaleza
humana de la Obra han sido los enfermos de los hospitales
de Madrid: los más miserables; los que vivían
en sus casas, perdida hasta la última esperanza
humana; los más ignorantes de aquellas barriadas
extremas» [BERNAL, Salvador, Mons. Josemaría
Escrivá de Balaguer. Apuntes sore la vida del
Fundador del Opus Dei, Rialp, Madrid, 1980; págs.
188-189].
VALENCIA, LA PRIMERA CIUDAD A LA QUE EXTENDIO SU LABOR
APOSTÓLICA

Ese encargo divino que había recibido el 2 de
octubre de 1928 tenía desde su origen una entraña
universal, y tenía que extenderse por todo el
mundo.
A finales de octubre de 1935, mantuvo conversaciones
con el Obispo de Pamplona, don Marcelino Olaechea que
sería nombrado Arzobispo de Valencia en 1946-
y con don Javier Lauzurica, Obispo auxiliar de la diócesis
de Valencia. El 2 de noviembre recogía por escrito
el efecto que le habían causado ambos encuentros:
«Es consolador ver cómo la Jerarquía,
al conocer la Obra, la quiere. En estos días
los Srs. Obispos de Pamplona y Auxiliar de Valencia
me han demostrado un cariño, que no sé
cómo agradecer» (BERNAL, Salvador,
Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer. Apuntes
sore la vida del Fundador del Opus Dei, pág.
581). En esa ocasión, quedará ya con don
Javier Lauzurica para visitarle en la capital del Turia,
como apunta en una carta del 3 de marzo de 1936: «En
la segunda quincena de abril, pienso ir por Valencia,
pues de ningún modo abriremos jamás Academias
ni Residencias, sin el beneplácito de los Sres.
Prelados» [BERNAL, Salvador, Mons. Josemaría
Escrivá de Balaguer. Apuntes sore la vida del
Fundador del Opus Dei, pág. 581].
San Josemaría acudió por primera vez
a Valencia el 20 de abril de 1936, acompañado
del joven arquitecto Ricardo Fernández Vallespín,
no sin antes constatar en sus Apuntes íntimos
que es voluntad de Dios abrir nuevos apostolados fuera
de Madrid: «Veo la necesidad, la urgencia de
abrir casas fuera de Madrid y fuera de España
(...) Siento que Jesús quiere que vayamos a Valencia
y a París (...). Ya se está haciendo una
campaña de oración y sacrificios, que
sea el cimiento de esas dos Casas» [BERNAL,
Salvador, Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer.
Apuntes sore la vida del Fundador del Opus Dei, págs.
579-580].
En ese viaje, tras dejar en manos de la Virgen de los
Desamparados la labor apostólica que se proponía
realizar, se entrevistó con don Javier Lauzurica,
con don Eladio España, rector del Colegio del
Patriarca y con don Antonio Rodilla, director del Colegio
Mayor San Juan de Ribera. Aprovechó para conver-sar
con Rafael Calvo Serer, entonces estudiante becario
del Colegio Mayor San Juan de Ribera de Burjassot, quien
tras un largo paseo que les llevó desde la plaza
de toros hasta el puerto, decidió incorporarse
al Opus Dei: era la pri-mera vocación valenciana.
Cuando regresa a Madrid piensa ya en una residencia
universitaria en Va-lencia para el curso 1936-37, pero
esas ilusiones habrán de quedar brusca-mente
aplazadas hasta 1939. Apenas concluida la contienda,
don Antonio Rodilla, vicario general de la diócesis,
de parte de don Prudencio Melo y Al-calde, Arzobispo
de Valencia, pidió a San Josemaría que
predicara unos ejercicios espirituales al clero diocesano;
los ejercicios se celebraron en Alacuás, en el
convento de las Madres Doc-trineras. También
predicó un curso de retiro para universitarios,
a principios de junio de 1939, en el Colegio Mayor San
Juan de Ribera.
EL PRIMER CENTRO DEL OPUS DEI Y LAS PRIMERAS VOCACIONES

En septiembre de 1939 bendijo la sede del primer Centro
de la Obra en Valencia, que, como ya se ha dicho, era
también el primero del mundo fuera de Madrid:
se trataba de un pisito en la calle de Samaniego, número
9, tan pe-queño que los jóvenes que lo
frecuentaban lo llamaban con buen hu-mor «El
Cubil». El escritor Juan Luis Corbín
narra algunos detalles de esos momentos: «Ni
que decir tiene que un centro estudiantil con tan escasas
dependencias -y al que cada vez acudían más
universitarios-, debía ser algo provisional.
En efecto, don José María Escrivá
abriga-ba el proyecto de abrir cuanto antes la ansiada
Residencia de estudiantes. (...) A finales de julio
del año 1940, las gestiones intensas para localizar
una casa con mejores condiciones para Re-sidencia, iban
a dar su fruto. Volverá a ser la calle de Samaniego
la protago-nista de la nueva empresa, pudiendo utilizarse
para tal fin la vetusta casona -no carente de historia-
cual fue la del número 16.» Al dejar «El
Cubil» «se tenía la sensación
como si se dejase un entrañable palacio, que
desde en-tonces ya -y sin sospecharlo- entraría
a formar parte en la historia de la calle de Samaniego
y, por tanto, de nuestra ciudad» [CORBÍN
FERRER, Juan Luis, Valencia histórica: entre
El Salvador y Serranos, Fede-rico Doménech, S.A.,
Valencia, 1988; págs. 129 y 131].
Por allí acudían a estudiar, y a parti-cipar
en los medios de formación cristiana que se impartían,
algunos de los primeros valencianos que pedirían
la admisión en el Opus Dei: Amadeo de Fuenmayor,
Federico Suárez, Florencio e Ismael Sánchez
Bella, Aurelio Mota, José Orlandis, Juan Cabellos,
Vicente Fontavella, José Montañés,
José Cremades, José Manuel Casas Torres,
Emilio Bonell, Antonio Ivars, Ángel López
Amo, Carlos Verdú, Bartolomé Lloréns,
Vicente Mortes... Muchos de ellos se trasladaron muy
pronto a otros países (Colombia, Brasil, Portugal,
Filipinas, Argentina...) para extender el trabajo del
Opus Dei en servicio de la Iglesia.
Tuvieron que pasar 13 años de intenso trabajo
y sacrificio económico para conseguir una sede
más adecuada: el Colegio Mayor Universitario
de La Alameda, que con el paso de los años se
ha convertido en un importante foco cultural de nuestra
ciudad. Allí le preguntaron a San Josemaría,
en 1972, cuál era el mejor recuerdo que albergaba
de la Residencia de estudiantes de Samaniego. Su respuesta
trasluce su amor tan intenso por la Eucaristía:
«El día que dejamos a Nuestro Señor
en el Tabernáculo, y las horas que hemos pasado
rezando allí, junto a aquel Sagrario tan pobre
y tan encantador».
LA
PRIMERA EDICIÓN DE «CAMINO»
También
en 1939, Valencia fue tes-tigo de un singular acontecimiento,
no desdeñable para el historiador: en unos talleres
de la calle Pintor Salvador Abril -GráficasTuria-
veía la luz la primera edición de «Camino»,
el libro más conocido de Josemaría Escrivá.
Actualmente, más de cuatro millones de ejemplares,
y trescientas sesenta edi-ciones en 43 idiomas acreditan
el impacto de este libro entre personas de las más
diversas mentalidades, incluso no católicos.
Encarnita Ortega, una de las tres primeras mujeres del
Opus Dei, recuerda la impresión que le dejó
la lectura de «Camino» al poco de su publicación.
Conoció a San Josemaría en Alacuás,
en 1941, «con ocasión de unos ejercicios
espirituales que el Padre predicaba. Yo acudí
por curiosidad, para ver cómo hablaba y cómo
era el autor de Camino, un libro que me
había causado un fuerte impacto, porque marcaba
una espiritualidad muy viva, muy actual, muy incisiva
y, al mismo tiempo, de una forma tan concreta que resultaba
fácil poder llevarlo a la práctica».
Aunque a partir de los primeros años cuarenta
llegan las primeras vocaciones de mujeres, es el 9 de
enero de 1952 -hace ahora cincuenta años- cuando
se abre el primer centro: en esa fecha llegan Carmen
Gutiérrez Ríos, Berta Boyero y Fina Botella.
Junto con María Luisa Moreno de Vega, que ya
se encontraba ya aquí, se hicieron cargo de un
dispensario en la parroquia de Nuestra Señora
del Carmen, donde atendían a personas de ese
barrio.
VALENCIA
EN LOS ESCRITOS DE SAN JOSEMARÍA

En muchas otras ocasiones estuvo San Josemaría
en Valencia, impul-sando la labor apostólica
del Opus Dei, y predicando numerosos cursos de re-tiro
a diversos grupos de personas: a universitarios, en
Burjassot; a sacerdotes, en el Seminario Metropolitano;
a los con-siliarios de Acción Católica,
en Alacuás; también en Alacuás,
a chicas de Acción Católica; etc. Muchas
veces celebró la Santa Misa en la Catedral -solía
hacerlo en el Altar de la Trinidad, junto a la subida
al Miguelete-, y al menos en una ocasión, el
25 de marzo de 1944, en el Camarín de la Virgen
de los Desamparados.
Desde el principio, el Fundador del Opus Dei había
captado la idiosincrasia de nuestro pueblo, que no pocas
veces recibe un juicio superficial y poco acer-tado.
En su primer viaje a Valencia observó la labor
sacrificada de los agri-cultores junto al cauce del
Turia. Poco después comentaría en un curso
de reti-ro: «Se dice de los valencianos que
son "pensat i fet": pura improvisación
y falta de continuidad; y yo he comprobado que no es
así: a la orilla del río aprovechan para
ha-cer sembrado, y muchas veces se los lleva una riada.
Pero no creáis que desisten: vuelven a sembrar
de nuevo. Eso no es improvisación, sino perseverancia.
Pues en la vida interior hay que saber hacer lo mismo.»
Este paso por Valencia dejó huella en sus escri-tos,
que se encuentran ya entre los clásicos de la
espiritualidad. En una de sus homilías publicada
en «Amigos de Dios», refiere cómo
en cierta ocasión que estuvo en la Catedral de
Valencia, al pasar por delante del sepulcro del Venerable
Ridaura, le contaron que, cuando a este sacerdote, ya
anciano, le preguntaban cuántos años tenía,
siem-pre contestaba: «poquets, els que porte servint
a Deu». El Fundador de la Obra aprovecha para
decir a sus hijos, y a cuantos le leeríamos después,
que «los años que cuentan son los que
se gastan sirviendo al Señor» en el
propio am-biente y en la propia profesión, que
constituyen el cauce normal de servir a Dios, a través
de los demás [ESCRIVÁ DE BALAGUER, Josemaría,
Amigos de Dios, n. 3, Ed. Rialp, Madrid, 1977].
En otro lugar de ese libro cuenta que «allá
por los primeros años de la década de
los cuarenta, iba yo mucho por Valencia. No tenía
en-tonces ningún medio humano y, con los que
-como vosotros aho-ra- se reunían con este pobre
sacerdote, hacía la oración donde buenamente
podíamos, algunas tardes en una playa solitaria»
[ESCRIVÁ DE BALAGUER, Josemaría, Amigos
de Dios, n. 14]. Era la playa de la Malvarrosa. Allí
presen-ció una conmovedora escena, digna de un
cuadro de Sorolla, de la que tomará pie para
darnos luz sobre nuestras relaciones con Dios: «Un
día, a última hora (...) vimos que se
acercaba una barca a la orilla, y saltaron a tierra
unos hombres morenos, fuertes como rocas, mojados, con
el torso desnudo, tan quema-dos por la brisa que parecían
de bronce. (...) Tiraban con mucho brío, los
pies hundidos en la arena, con una energía prodigiosa.
De pronto vino un niño, muy tostado también,
se aproximó a la cuerda, la agarró con
sus manecitas y comenzó a tirar con evidente
torpeza. Aquellos pescadores rudos, nada refinados,
debieron de sentir su corazón estremecerse y
permitieron que el pequeño colaborase; no lo
apartaron, aunque más bien estor-baba».
Y de ahí sacaba la enseñanza: si nosotros
nos presentamos ante el Señor como ese pequeño,
convenci-dos de nuestra debilidad pero dispuestos a
secundar sus designios, «arrastraremos la red
hasta la orilla, colmada de abundantes frutos, porque
donde fallan nuestras fuer-zas, llega el poder de Dios».
UNIÓN
FRATERNAL CON LOS OBISPOS DE VALENCIA

Le unió una fraternal amistad con los obispos
de Valencia que conoció. Mons. Marcelino Olaechea
nos dejó un precioso testimonio de su santidad:
«Yo le tengo -decía a su secretario-
por un verdadero escogido, por un verdadero santo...
Yo siento tener que morir antes que él y no poder
testimoniar en su Proceso de Canonización. Testimonia
tú en mi nombre, y haz presente en tu testimonio
este mi encarecido ruego» [BERGLAR, Peter,
Opus Dei.Vida y obra del Fundador Josemaría Escrivá
de Balaguer, pág. 331]. Mons. José María
García Lahiguera afirmó que «en
mi relación con Mons. Josemaría Escrivá,
a lo largo de más de cuarenta años, se
ha cimentado en mi ánimo un profundo convencimiento
de la eminente santidad de su vida y de las heroicas
virtudes que han adornado esta alma egregia» [Testimonio
recogido en la Hoja informativa n. 13, editada por la
Vicepostulación Opus Dei en España. Madrid,
1990; pág. 11]. Y el anterior Arzobispo de Valencia,
Monseñor Miguel Roca Cabanellas, que afirmó
que «yo mismo tuve la dicha de conocerle y tratarle
ya desde 1939, y sus consejos hicieron siempre mucho
bien a mi alma» [Homilía pronunciada en
la Catedral de Valencia, en una Misa de Acción
de Gracias con motivo del decimoquinto aniversario del
fallecimiento de Josemaría Escrivá, el
26.VI.90].
LA
CATEQUESIS DE 1972

Con
el tiempo, y sobre todo desde que se estableció
en Roma, en 1946, se fueron distanciando los viajes
del Fun-dador del Opus Dei a Valencia. En los días
que permaneció en nuestra ciudad durante su catequesis
por la Península Ibérica en 1972, se reunió
en La Lloma, casa de retiros cercana a Rafelbunyol y
El Puig; en el Colegio Mayor de La Alameda, y en el
colegio Guadalaviar con miles de personas: jóvenes,
matrimonios, sacerdotes, etc. También quiso postrarse
ante los pies de la Virgen de los Desamparados; rezó
en la Catedral ante la tumba de don Marcelino Olaechea,
quien había fallecido el mes anterior; pasó
por la anti-gua iglesia de San Juan del Hospital, encomendada
a sacerdotes de la Obra; conversó con don José
María García Lahiguera, gran amigo suyo
y en aquel entonces Arzobispo de Va-lencia; y estuvo
-entre otros lugares- en un convento de religiosas de
clausura, en las Carmelitas Descalzas de Puzol.
El Colegio Guadalaviar, primer colegio promovido por
mujeres del Opus Dei en el año 1959, acogió
varios de los encuentros que San Josemaría mantuvo
en esa catequesis con cientos de personas. Eran ocasiones
en que respondía a las cuestiones que se le planteaban,
en las que explicaba la doctrina de la Iglesia Católica
y se traslucía su corazón sacerdotal.
En una de estas tertulias en Guadalaviar, uno de los
presentes le preguntó cómo podía
agradecerle todo lo que había hecho por Valencia.
El Fundador del Opus Dei le contestó: «Si
esto ha salido es por vosotros, por Dios Nuestro Señor
que ama mucho a Valencia, por la protección de
la Madre de Dios de los Desamparados, y por el esfuerzo
de todos: yo no he hecho más que miraros con
cariño. ¡Dios os bendiga a los valencianos!».
En ese mismo viaje, estuvo de tertulia con los colegiales
del Colegio Mayor de La Alameda el 17 de noviembre,
y aprovechó la ocasión para consagrar
el altar del oratorio. En el Acta de consagración,
dejó escrito: «Con qué anhelo
deseé -hace ya mucho, y durante largo tiempo
que el Opus Dei viniera a esta ciu-dad: hasta que el
Señor concedió generosamente a su siervo
que tam-bién aquí tuviera hijos e hijas;
al regresar a Valencia, eran inconta-bles las acciones
de gracias a Dios que llenaban mi corazón de
Padre feliz ... ».
UNA
MOVILIZACIÓN DE CRISTIANOS

El principal apostolado del Opus Dei es el que realiza
cada uno de sus miembros personalmente, en su propó-sito
diario de dar a conocer -con el ejemplo de vida y con
la palabra- la doctrina de Cristo. Esto es lo que llevó
a Josemaría Escrivá a decir, desde los
comienzos, que la labor apostólica de los miembros
del Opus Dei es como «un mar sin orillas»
o «una gran catequesis cristiana»
en todos los ambientes de la sociedad civil. Es el apostolado
cristiano, que nace cuando un hombre, una mujer, descubre
que ser cristiano significa enamorarse de Dios y buscarlo
en cualquier circunstancia de la vida diaria: un gozoso
hallazgo que se difunde alrededor con naturalidad, y
cuyos frutos no es fácil cuantificar: conversiones,
vuelta a la fe y a la práctica cristiana, consolidación
de los vínculos familiares, mejora del espíritu
de cooperación y solidaridad...
Además, bajo el impulso de la formación
cristiana que reciben, los fieles de la Prelatura, junto
con otras muchas personas, promueven en todo el mundo
in-numerables iniciativas asistenciales o de promoción
social, para contribuir a resolver necesidades reales
de la sociedad en la que viven. A petición de
sus promotores, la Prelatura del Opus Dei se ocupa de
la formación cristiana que se imparte en algunas
de esas iniciativas. El espíritu que anima estas
actividades re-fleja las características esenciales
del Opus Dei. En primer lugar, responden a una finalidad
sobrenatural: se trata siem-pre de tareas apostólicas;
y están abiertas a personas de toda raza, nacionalidad,
religión o posición social, sin ninguna
discriminación. De ahí también
que reine en ellas un clima de libertad y de respeto
a la opinión ajena.
Algunas labores apostólicas promo-vidas por
miembros y Cooperadores del Opus Dei en Valencia son,
por ejemplo, los colegios Guadalaviar -y Vilavella;
el centro de Formación Profesional Altaviana;
los Colegios Mayores Universitarios Saomar, La Alameda
y Albalat; una escuela de Formación Profesional
de auxiliares de enfermería en La Malvarrosa;
las Asociaciones Juveniles Diemal y Dardo; la Biblioteca
Sacerdo-tal Almudí, etc. En el ámbito
de la Comunidad Valencia-na, entre otras, las Escue-las
Familiares Agrarias El Campico, en Jacarilla, y la Malvesía
y Torrealedua, en Llombay; el colegio El Vedat, de Torrent,
y la casa de retiros y convivencias La Lloma, cercana
a El Puig.
Iniciativas similares están extendidas por los
cinco continentes. Así, Kianda Secretarial College,
inaugurado en Nairobi en 1961, primer centro educativo
en África abierto a todas las razas y etnias;
Midtown Center, en un enclave turbulento de Chicago;
Condoray, escuela para la mujer en Perú, Monkole,
centro médico del Congo... Con ocasión
del Centenario se han puesto en marcha nuevas iniciativas
para mejorar las condiciones de vida de núcleos
de población especialmente necesitados. Uno de
ellos es el Instituto de Tecnología Industrial,
en Nigeria.
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