Abrir camino: Josemaría Escrivá y el Opus Dei


Ponencia pronunciada por Marita Caballero , Profesora Titular de Literatura Hispanoamericana de la Universidad de Sevilla, en el Palacio de Congresos de Valencia. La ponencia tuvo lugar el 18 de abril de 2002, en el acto de presentación de la edición crítico-histórica de Camino, preparada por Pedro Rodríguez.

Madrid 1930 y... Un sacerdote joven va apuntando en pequeñas octavillas sus andanzas cotidianas, las conversaciones con un grupito de jóvenes a los que ha ido contagiando su entusiasmo vocacional. Acaba de fundar el Opus De¡, que ha visto claramente en la oración el 2 de octubre de 1928. Y comienza a propagar el incendio... Su mensaje, que es de Dios, vuelve a recordar que la santidad es para todos, que no es necesario apartarse del mundo ?como no lo fue para los primeros cristianos? para sentirse llamado. Que hay que estar en el mundo sin ser mundano. Porque ya en el Génesis aparece ese mandato divino: "dominad la tierra", que no es otra cosa que asumir el mundo como tarea para construirlo de cara a Dios.

En su labor apostólica se le van acercando muchos jóvenes que le cuentan sus problemas, le escriben, le preguntan... Así surge Camino (1939) ?cuya primera edición en Valencia conmemoramos hoy con este acto?. Surge de la vida, para encauzar y dirigir a los jóvenes, con un estilo coloquial, directo, como un género literario nuevo ?especie de género epistolar trunco? constituido por fragmentos de cartas llenos de realidad, de diálogos ?152 puntos son dialogados?, de retazos de conversaciones que quedaron plasmadas por escrito en servicio propio y ajeno, abiertos a la atemporalidad, porque los problemas que ponen sobre el tapete son de interés universal:

"¡Ánimo! Tú... puedes. ?¿Ves lo que hizo la gracia de Dios con aquel Pedro dormilón, negador y cobarde..., con aquel Pablo perseguidor, odiador y pertinaz?" (n. 483).

El autor está presente en el texto ?no en vano muchas de esas gaiticas surgen de sus cuadernos, de su diario, de su relación con el Señor?, pero nunca adopta un tono superior. No tiene nada que ver con el orador tradicional, que imbuido de su misión divina, establece una distancia entre su persona y los discípulos a los que se dirige. Aquí no pasa eso: el hablante es el amigo, el hermano... entre otras cosas porque se trata de un jovencísimo sacerdote que en el momento de recibir la misión vocacional sólo tiene ?según sus propias palabras? "26años, la gracia de Dios, buen humor" y... nada humano en que apoyarse. España está revuelta, la guerra se avecina, los tiempos no pueden ser menos oportunos... Pero Dios sabe lo que hace y lo ha dispuesto todo para que se vea que la Obra es suya, que los demás somos sólo instrumentos.

Lo autobiográfico y lo epistolar son los carriles que encauzarán estos 999 puntos ?"sentencias", "máximas", dice Gongrand; "aforismos", Ibañez Langlois?... No hay elección de un género, ni proyecto inicial de escribir una obra... Son puntos tan poco parecidos a los libros de meditación habituales, porque son consejos, "consideraciones" para el diálogo con el Señor, que deberán sopesarse a la luz del Espíritu Santo ?como recuerda don Pedro Rodríguez en su edición?. El número ?múltiplo de tres? habla de la devoción que el autor siente por la Trinidad. Y lo que impacta: un tú siempre en el texto al que se dirige el joven sacerdote, compartiendo una y otra vez con sus amigos y desde el "hallazgo" esa búsqueda del camino que es Verdad y Vida, que el autor del libro sintetiza en este lema:

"Que busques a Cristo, que encuentres a Cristo, que ames a Cristo" (n. 382).

Y como Cristo es perfecto Dios pero también perfecto hombre, los puntos de Camino serán flechas lanzadas al cielo pero con los pies bien anclados en la tierra. Por eso, porque han surgido de la vida cotidiana y de la oración del que, andando el tiempo será el Beato Josemaría, transparentarán los amores del autor, que también se desliza en el texto en primera persona: "Señor, que tenga peso y medida en todo menos en el Amor" ?le dirá a su Creador, a quien ha aprendido a tratar "de tú a tú", con la confianza del hijo, del amigo necesitado...?.

Y continúa desbrozando el camino para los suyos, como sabemos hoy por los testimonios de la Legación de Honduras y sobre todo de Burgos, un tiempo tan especial para fraguar Camino a partir, entre otras cosas, de esas gaiticas que provienen del Evangelio, de la Escritura Sagrada y la experiencia del predicador... Pero también desbroza el camino para cualquier hombre de buena voluntad, porque para todos sirve el programa de vida cristiana que está desvelando el autor:

"¡Con qué humildad y con qué sencillez cuentan los evangelistas hechos que ponen de manifiesto la fe floja y vacilante de los Apóstoles!
?Para que tú y yo no perdamos la esperanza de llegar a tener la fe inconmovible y recia que luego tuvieron aquellos primeros" (n. 581).

Y deja en el libro las marcas textuales de esa relación compart¡da, de ese "tú y yo tenemos que" ... "tú y yo podemos con la ayuda de Dios"... A base de dativos éticos, de pronombres personales que confieren al libro ese tono coloquial tan característico... E interpela a ese tú a través de lo que parecen interrogaciones retóricas, que condensan toda una propuesta de horizontes infinitos:

"¿Por qué no te entregas a Dios, de una vez..., de verdad..., ahora?" (n. 902).

Y prorrumpe en exclamaciones que desbordan su espíritu contemplativo apoyado en la filiación divina, en ese saberse hijo de Dios... Porque la urgencia de Dios, de felicidad ya en esta tierra le quema por dentro y quisiera contagiarla como respuesta a tantas inquietudes que le llegan continuamente, según refleja el texto: "me dices", "me preguntas"..., con un esquema que se repite sin cansar porque impulsa al lector a lanzar al vuelo la imaginación, para reconstruir la escena elidida:

"Me preguntas... y te contesto: tu perfección está en vivir perfectamente en aquel lugar, oficio y grado en que Dios, por medio de la autoridad, te coloque" (n. 926).

"Me escribes"... Y don Josemaría plasma en el libro esa vida llena de vida en los fragmentos de ese apostolado epistolar, tan querido y practicado por él especialmente en la España en guerra; en esos fragmentos que también son Camino: "te entiendo", "yo te diré", "te quiero feliz", "me has hecho reir"... "Tú ya ves"... Porque sin ese tú el libro no sería lo que es, carecería del soporte revolucionario que, paradójicamente le convierte en nuevo clásico... Un clásico, con un estilo apelativo que engancha al lector desde el prólogo en que le dice que ha escrito el libro...

"para que se alce algún pensamiento que te hiera: y así mejores tu vida y te metas por caminos de oración y de Amor. Y acabes por ser alma de criterio".

Por eso estallan los imperativos que urgen a la acción: "Confía. Vuelve. Invoca a la Señora y serás fiel" (n. 514). Y el libro va creciendo, con un estilo conciso y directo, abierto a lo universal..., con ese ritmo ágil, entrecortado y rápido, tan ajeno a las viejas retóricas... capaz de condensar todo un programa vital:

"Sé recio. Sé viril. Sé hombre. Y después... Sé ángel" (n. 22).

Un estilo que se apoya en un lenguaje vibrante y gráfico, teñido de buen humor y con su punta de ironía, pero también cuajado de metáforas, comparaciones y paradojas, porque paradójica es la vida del cristiano, como muy viven supieron sus amados místicos, Teresa de Jesús y Juan de la Cruz. Y porque mucho más que paradójico es que todo un Dios se haga hombre...

Han transcurrido más de sesenta años y ese ideal se hace realidad día a día en miles y miles de personas que han aprendido a santificar el trabajo y a santificarse con y en el trabajo. Camino ha sobrepasado los cuatro millones de ejemplares y se ha traducido por todo el mundo. Don Josemaría continua su misión vocacional inculcando en los hombres ese deseo de "amar al mundo apasionadamente" por amor de Dios... Porque ese Dios Es Cristo que pasa, título que engloba un buen número de sus homilías empeñadas en glosar paso a paso la humanidad de Cristo, metiéndose en el Evangelio como un personaje más, viéndole actuar, sonreír, hacer el bien... Y extrayendo las consecuencias: es factible acercársele íntimamente, por el Pan y la Palabra vivificadoras. Que no otra cosa debe ser la vida del hombre sobre la tierra sino esa plenitud de amor, posible ya entre nosotros.

Y el diálogo, la inmediatez, la oralidad de Camino vuelven a estallar en estas homilías en las que se coloca a la vera del lector, de tú a tú... para compartir la aventura de vivir, porque tiene mucho que decirle... Desaparece la hojarasca, la tramoya arquitectónica del orador y se dilata la presencia divina.

Y sucede como en aquellas pinturas de punto de vista bajo, que permiten ampliar el horizonte con perspectivas inusitadas: cabe mucho cielo... Y es que ?como el Beato Josemaría dijo? "en la línea del horizonte, hijos míos, parecen unirse el cielo y la tierra. Pero no, donde de verdad se juntan es en vuestros corazones, cuando vivís santamente la vida ordinaria".

Marita Caballero
Profesora Titular de Literatura Hispanoamericana
Universidad de Sevilla

 


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