Congreso UNIV 2009


Todos los caminos llevan a Roma. Y este año no iba a ser una excepción. Sabíamos que el viaje era largo pero se nos hizo corto por el buen ambiente que se respiraba en el autobús (y no me refiero precisamente al olor de las patatas fritas). Tras muchas horas de camino conseguimos llegar a la bellisima Roma. Nos hospedamos a media hora de la capital, en un hostal. Una vez allí, los que formábamos parte de la convivencia pudimos tratarnos cara a cara y conocernos más. Del Mayor éramos ocho: don Iñaki, Hugo (venido de México y vuelto poco después del Univ a su ciudad natal), Álvaro, Miguel, Pedro, Manel, Toni y Jaime.

Durante nuestras caminatas por la Ciudad Eterna, contemplamos la majestuosidad de San Pedro del Vaticano, la expectación que provoca el Coliseo, las obras de arte que conservan los Museos Vaticanos…

Villa Tevere, la sede de la Obra en Roma, nos acogió con los brazos abiertos y nos dio la oportunidad de rezar dos veces frente a los restos mortales de San Josemaría Escrivá y don Álvaro del Portillo, su primer sucesor.

Tuvimos la suerte de estar con el Papa Benedicto XVI en varias ocasiones. Sus palabras nos estimularon a adquirir una vida cristiana más generosa, y a no olvidar a las víctimas del terremoto ocurrido recientemente en la región de L’Aquila, próxima a Roma.

El último día, como despedida, los residentes de Colegio Romano, junto con otros de la convivencia, realizaron un festival de película: números de humor, música, juegos…

“La experiencia de estar en Roma, tan cerca del Santo Padre, de su patrimonio histórico, de su gente… es algo inefable: sólo os puedo decir que tenéis que estar allí”, explicaba emocionado Hugo una semana más tarde en Valencia. Roma nunca decepciona: esto lo sabemos los que alguna vez hemos estado allí.

 

Dentro de la Basílica de San Pedro del Vaticano

Pedro con un auténtico romano

Manel, Toni y Álvaro en un café italiano

El Papa saludando a los peregrinos

Frente a la Fontana di Trevi

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