Camino de Santiago 2007


Cierto sábado de septiembre partimos una docena de estudiantes de La Alameda hacia Sarria, en furgoneta y coche, perfectamente pertrechados; y es que el Camino de Santiago no es cosa de broma. Tras hacer escala en Madrid en casa de Rafa Losana, arribamos a nuestro destino y plantamos las tiendas en un pequeño descampado.

Tras una noche húmeda y poco confortable, la “organización” –como así se denominaban Rafa de Castro, Nacho Galdón, Pablo Pascual y Rafa Losana- proveyó a los intrépidos pero cansados caminantes de un opíparo desayuno. Con los ánimos bien dispuestos y el estómago acallado, dio comienzo un viaje que marcaría nuestras vidas para siempre.

Los cinco días de camino se resumen a vuelapluma en sudor, cansancio, sed y asfixia mientras andábamos, y hambre, sueño y dolor cuando parábamos para descansar. La “organización” ocupaba un lugar -ya no tan en general- en nuestra cabeza y nuestros pies sufrientes.

Grandes recuerdos afluyen a mi memoria de aquellos días –a pesar de los pesares- memorables. Nunca olvidaré el suceso del champú al huevo, la experiencia en el polideportivo sin duchas, las panochadas nocturnas al fuego lento del hornillo…

Es inefable el momento en el que termina la ascensión del Monte del Gozo y se divisa -¡por fin!- la anhelada Santiago de Compostela. La bajada, la Misa en la Catedral con el botafumeiro incensante, la foto, la comida y la satisfacción hicieron resurgir en nosotros esta alegría que, en el fondo, nunca faltó cuando las circunstancias fueron adversas, a pesar de lo que diga esta crónica. Primero dimos gracias a Dios y luego, a la “organización”; eso sí, en general. Por esto, la tarde del día antes de regresar, decidimos presenciar una puesta de sol en la playa –más o menos cercana- como guinda al mágico momento. ¡Qué preciosidad!

Todo el grupo al completo en Santiago de Compostela

Pudimos disfrutar de los exuberantes bosques de Galicia

 

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