| Aprovechando los primeros
días de las vacaciones de fallas, algunos residentes
y amigos de La Alameda decidimos ir a Ciudad Real para
hacer una convivencia con un doble objetivo: estudiar
y descansar en un pueblecito llamado El Robledo, en
el que gratamente nos acogió la abuela de Pablo
Pascual, cuya casa estaba al lado de la que
nosotros ocupamos.
Uno de los días pudimos disfrutar
de una estupenda barbacoa en un campo verde lleno de
margaritas que anunciaban la llegada de la primavera:
fue una ocasión estupenda para hacer amistad
con algunos pre-universitarios del Club Juvenil Alarcos,
y hacer un pequeño partido de fútbol poniendo
como postes de las porterías unas piedras que
había por allí, a la más pura antigua
usanza.
Otra de las actividades que triunfó,
con Fernando Valdés a la cabeza,
fue la cocina: nos preparó todo tipo de guisos
y, para culminar, la última noche nos hizo unas
estupendas tortitas. Todas estas actividades no impidieron
sacar cinco horas de estudio diarias. Como se puede
observar, este tipo de convivencias hacen posible estudiar
mucho con tranquilidad, cultivar hobbies, admirar
la naturaleza y hacer gran amistad.
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| Los asistentes a la convivencia,
con un grupo de estudiantes del Club Alarcos |
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