V Encuentro Mundial de las Familias


El V Encuentro Mundial de las Familias ha sido, sin lugar a dudas, el acontecimiento del curso en La Alameda. Desde que el Santo Padre Benedicto XVI confirmó su asistencia al Encuentro, en el Mayor nos pusimos manos a la obra.

Como punto de partida, colegiales y amigos de La Alameda constituimos un grupo de voluntarios para la organización del Encuentro. Para ello, elaboramos un plan de trabajo para los meses precedentes al Encuentro, como complemento a las tareas que la Fundación del V EMF nos pediría realizar.

El plan de trabajo nos enriqueció mucho. Una de las labores más importantes y gratificantes fue la de informar acerca del V EMF en la Universidad. De este modo, una parte de los voluntarios de La Alameda se dedicó, con esfuerzo, a recorrer algunas aulas de las distintas facultades para explicar en qué consistiría el Encuentro y la importancia del mismo para la ciudad de Valencia, para España y para todo el mundo.

Y llegó el mes de junio y, con él, el trabajo más importante e intenso para nuestros voluntarios. La Fundación del V EMF nos propuso trabajar en el Departamento de Acreditaciones para el Encuentro, situado en la calle Amadeo de Saboya, muy cerca de La Alameda. Desde aquel momento, todos los voluntarios nos ofrecimos para trabajar el máximo número de horas semanales que los exámenes nos permitieron. Los últimos días, la dedicación a la tarea -acabados ya los exámenes- fue plena para muchos: abríamos la Oficina a las 9:00 y no la cerrábamos antes de la 1:00 de la madrugada.

Estos días tuvimos un momento muy entrañable y que nos sirvió de acicate para trabajar con más empeño: el arzobispo de Valencia, D. Agustín García-Gasco, nos hizo una visita a la Oficina en la que quiso saludarnos uno a uno y agradecernos la labor que estábamos llevando a cabo. Además, nos insistió en la importancia que tenía que el Encuentro dejara huella y no pasara sin más, animándonos a cuidar el “post-encuentro”, pues las familias y la sociedad lo necesitan.

Al atardecer de la llegada a Valencia de Benedicto XVI, ya deseando poder ver al Santo Padre, cerramos la Oficina y fuimos a la Ciudad de las Artes y las Ciencias. Nuestra labor allí consistía en situar a los peregrinos en el lugar que tenían asignado. Por fin, llegó el momento esperado por todos: la llegada del Papa al lugar del Encuentro. Con gran emoción, pudimos escuchar los distintos testimonios y las palabras del Santo Padre.

Pero todavía no había acabado todo. Quedaba la Santa Misa de clausura del V EMF al día siguiente. En realidad, para los voluntarios de La Alameda fue el mismo día, pues tras escasas horas de descanso, ya estábamos preparando, con el amanecer, la despedida al Santo Padre.

Tras la multitudinaria Eucaristía celebrada sobre el Puente de Monteolivete, los voluntarios volvimos, todavía emocionados, a La Alameda. Allí, riendo, echamos la vista atrás y vimos que el esfuerzo llevado a cabo, había valido la pena.

 

 

 

 

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